Trabajo el lenguaje como algo que se usa, no que se memoriza. Cada clase parte de situaciones reales: conversaciones cotidianas, textos breves, fragmentos literarios, escenas o ejercicios de voz. A partir de ahí, analizamos lo que pasa y lo mejoramos.
La clase es dinámica: hablamos, leemos, escribimos, corregimos y volvemos a intentar. El error no se castiga, se usa como material de trabajo. El...
Trabajo el lenguaje como algo que se usa, no que se memoriza. Cada clase parte de situaciones reales: conversaciones cotidianas, textos breves, fragmentos literarios, escenas o ejercicios de voz. A partir de ahí, analizamos lo que pasa y lo mejoramos.
La clase es dinámica: hablamos, leemos, escribimos, corregimos y volvemos a intentar. El error no se castiga, se usa como material de trabajo. El formato en línea no es una barrera, al contrario: permite atención personalizada, ritmo propio y ejercicios pensados para que el alumno participe activamente todo el tiempo.
No es una clase pasiva ni magistral: es un espacio de práctica constante, donde se aprende haciendo y reflexionando sobre lo que se hace.
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