La música es vehículo de emociones, sentimientos, estados.
El maestro es aquel que sabe extraer de cada alumno lo mejor de sí, para que éste encuentre y extraiga su musicalidad y haga uso de ella.
El proceso es el protagonista del viaje del aprender violín, ya que los resultados van apareciendo en el andar y son imprevisibles si se nutren de voluntad, amor por hacerlo y tenacidad .Porque en eso...
La música es vehículo de emociones, sentimientos, estados.
El maestro es aquel que sabe extraer de cada alumno lo mejor de sí, para que éste encuentre y extraiga su musicalidad y haga uso de ella.
El proceso es el protagonista del viaje del aprender violín, ya que los resultados van apareciendo en el andar y son imprevisibles si se nutren de voluntad, amor por hacerlo y tenacidad .Porque en eso se basa aprender un instrumento: uno sabe como y cuándo empieza el camino, pero no sabe a donde llevará.
El objetivo de las clases es desarrollar un vínculo íntimo con el instrumento, que permita al alumno acercarse desde el confort, el placer y la concentración a la música, y así desarrollar el disfrute activo de hacer música.
Las clases son un espacio de aprendizaje, por tanto demandan lo mejor de uno para sacar el mejor provecho e invitan a despertar y desarrollar fortalezas humanas como la entrega, el respeto, la perseverancia, la consecución de objetivos, el esfuerzo, sobreponerse a lo nuevo y lejano y expandir horizontes de la mente.
Por otro lado y finalmente, hay que recordar que violín es un instrumento, es decir una herramienta, con sus características que lo definen, pero herramienta al fin: una herramienta de comunicación y expresión de lo inefable (aquello que no puede ser expresado con palabras).
No hay una meta, más que la cada uno se proponga.
No hay límite ni techo, solo aquello que uno esté dispuesto a brindarle.
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