La solución existe y está a nuestro alcance

Si investigamos cómo vivían las antiguas civilizaciones podremos rescatar elementos que nos ayuden a dar sentido a nuestras vidas. Generalmente las sociedades pre-industriales, basadas en actividades en pleno contacto con el medio natural (agricultura, ganadería, artesanía), tenían conciencia de sus ritmos y cadencias, y esto les daba equilibrio. Ese equilibrio estaba marcado por una secuencia de rituales cotidianos. Ritos tan sencillos como tomar el té, ver la puesta del sol, jugar con los niños o hacer el amor. Cosas tan simples, que hoy, las pasamos de largo.

¿Cómo pueden ayudarnos el yoga ?

Estas ancestrales disciplinas fueron creadas por individuos sensibles pertenecientes a aquellas sociedades en contacto con la natura y nos han legado poderosas técnicas, que incluidas en nuestro diario vivir, tienen la capacidad de transformar nuestras existencias llevándolas a superiores dimensiones de conciencia y placer. Las técnicas a las que aludimos son conocidas como rituales.

El ritual es una acción que se realiza con la mayor atención del participante, con una toma de conciencia total de los actos que se están ejecutando. El acto así realizado adquiere una significación especial, las energías del participante se concentran en el momento presente y de esta forma aleja a la mente de su tendencia compulsiva a preocuparse por el futuro o con imágenes negativas del pasado, que son verdaderas torturas cotidianas.

Ritos en el diario vivir

¡Vamos al asunto! Nos despertamos. Tomamos unas profundas respiraciones, lentas y conscientes; nos desperezamos y dirigimos a la ducha. Abrimos el grifo del agua caliente… vemos el vapor y damos con temperatura adecuada. Sentimos el efecto purificador y estimulante del agua. Nos aplicamos el gel de ducha sintiendo la suavidad en la piel y ese aroma tan especial… respiramos lento, como si lo hiciéramos por cada poro de nuestro cuerpo. Luego viene la aspereza de la toalla, activando cada parte de la epidermis. Sentimos que toda discordancia nos abandona. Una ducha realizada de este modo termina siendo un ritual que nos conecta con el momento presente y nos purifica. Este nuevo enfoque de la cotidianidad abre ante nosotros una amplia posibilidad de experimentación. Y así podemos probar con tantos actos cotidianos como se nos ocurra.

Cosas tan sencillas como tomar el té, ocupan gruesos volúmenes en tratados orientalessobre su ritual. Para iniciarnos en esta práctica comencemos investigando algunas acciones cotidianas, por ejemplo: disfrutar del hogar; comer; dormir; caminar o nadar y transformémoslas en rituales. Los efectos son poderosos y al cabo de un tiempo te liberas del estrés y las preocupaciones tomarán dimensiones manejables. Tómate un tiempo… respira… ¡Sí, ahora!